Mostrando entradas con la etiqueta libros en mi buro. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta libros en mi buro. Mostrar todas las entradas

27.6.09

::no tengo edad::


No sé por qué dicen que carezco de sentimientos. O que a mi vida le fueron negadas ciertas experiencias fundamentales. Supongo que se refieren al amor. Se equivocan los que piensan que no he conocido el amor. Puedo afirmar que he vivido enamorado. El primer amor (ideal, por cierto) de mi vida fue una actriz, Ava Gardner. Solía ver sus películas dos veces por día. Apenas terminada la función, deseaba que llegara el día siguiente para volver a verla. El amor exige pruebas. Pruebas sobrenaturales.


Jorge Luis Borges

18.6.09

::nolan tenía un gato::



He tejido y destejido la trama del tiempo, pero él se ha ido y no va a volver. Un cuerpo es un cuerpo, sólo las voces sirven para amar.



La ciudad ausente, Ricardo Piglia

17.6.09

::olvídala::



Unas miradas
que se encuentran
en un café desierto,

un lunar
en tu cuello
que es capaz
de volverme loco,

y 20 segundos

para encender un pitillo,
dar un trago al vino blanco
y ver cómo llega un tipo

que te besa
con la mitad de las ganas
que lo hubiera hecho yo.



Pablo Casares

9.6.09

::hoy salgo a la gran avenida de luces::



Los demonios distorsionados que convoco por las noches
llegan a deshoras vestidos con gemidos, nombres arbóreos
en el piso de arriba alguien escucha el televisor
las mentiras se mueven en su enjambre enloquecido
micrófonos tomados por asalto, ahorcados seculares
la pila de signos incendiados grita su humo funerario
se invoca estúpidamente la paz en tiempos del impasse
salgo a caminar en esta catástrofe de fraudes y cristales
las fumarolas dibujan caballos en las calles, mi soledad se ríe
oscuras manos de ron y sombra palpan mi garganta
escudado en mi cinefilia sonora invento mi muerte aplazada
el hueco entintado que dejan los crepúsculos repite su verdad
este desposeído aún soy yo, este no tener sigo siendo yo

Sin magia, sin libro, sin brazos de Che, mudo, roto
tuberculoso del alma respirando cadáveres etéreos
sin talento ni talantes, recorriendo la trampa nocturna
del cielo violeta y solitario, caen panfletos como pétalos
las batallas de hoy me quedan infinitamente grandes
la conciencia podrida se abre como zanja, afuera
la hora del delirio marcha con risa exhibicionista
escribo debajo de su lengua la perversión que salta
entre papeles ermitaños y manos de piedra ennegrecida
con el poder del beso y de la bomba molotov, escribo
con entrañas bastardas, odiando, lamiendo el asfalto lunar
puertas que dan a la nada, redacto un inventario de carnadas
el desierto es un albergue para el tacto envenenado, lo sé

Fe de errata perdida, letra muerta en su ataúd de hueso
tartamudeo de profeta, vociferando palabras que buscan
el sabio silencio que hable y la luz del párpado cerrado
hoy caliento la yugular desterrada, salgo a escupir cerraduras
domando furiosamente el viejo Minotauro de dígitos y cables
que aúlla sus memorias de marfil entre malezas inundadas
hoy salgo a la gran avenida de luces, saboreo las gotas ácidas
que la lluvia anónima derrama en las erguidas cornisas
esta noche orinaré todas las fuentes del sueño y rasgaré
la ciudad acuosa para verle el vientre tatuado de estrellas
esculpiré una herejía que toque como savia y esperma
ignoraré las mujeres perladas y de trigo que huyen de mí
esperaré como leproso el prometido reino de otro mundo.


30 cerraduras, Eduardo Sabugal.

28.5.09

::eso me recuerda que::


Es costumbre en algunas partes de la India, me dijo el Ojo mirando al suelo, ofrecer un niño a una deidad cuyo nombre no recuerdo. En un arranque desafortunado le hice notar que no sólo no recordaba el nombre de la deidad sino tampoco el nombre de la ciudad ni el de ninguna persona de su historia. El Ojo me miró y sonrió. Trato de olvidar, dijo.
En ese momento me temí lo peor, me senté a su lado y durante un rato ambos permanecimos con los cuellos de nuestros abrigos levantados y en silencio. Ofrecen un niño a ese dios, retomó su historia tras escrutar la plaza en penumbras, como si temiera la cercanía de un desconocido, y durante un tiempo que no sé medir el niño encarna al dios. Puede ser una semana, lo que dure la procesión, un mes, un año, no lo sé. Se trata de una fiesta bárbara, prohibida por las leyes de la república india, pero que se sigue celebrando. Durante el transcurso de la fiesta el niño es colmado de regalos que sus padres reciben con gratitud y felicidad, pues suelen ser pobres. Terminada la fiesta el niño es devuelto a su casa, o al agujero inmundo donde vive, y todo vuelve a recomenzar al cabo de un año.
La fiesta tiene apariencia de una romería latinoamericana, sólo que tal vez es más alegre, más bulliciosa y probablemente la intensidad de los que participan, de los que se saben participantes, sea mayor. Con una sola diferencia. Al niño, días antes de que empiecen los festejos, lo castran. El dios que se encarna en él durante la celebración exige un cuerpo de hombre -aunque los niños no suelen tener más de siete años- sin la mácula de los atributos masculinos. Así que los padres lo entregan a los médicos de la fiesta o a los barberos de la fiesta o a los sacerdotes de la fiesta y éstos lo emasculan y cuando el niño se ha recuperado de la operación comienza el festejo. Semanas o meses después, cuando todo ha acabado, el niño vuelve a casa, pero ya es un castrado y los padres lo rechazan. Y entonces el niño acaba en un burdel. Los hay de todas clases, dijo el Ojo con un suspiro. A mí, aquella noche, me llevaron al peor de todos.


El Ojo Silva, Roberto Bolaño.

25.5.09

::intentando disparar::


Las mujeres son putas asesinas, Max, son monos ateridos de frío que contemplan el horizonte desde un árbol enfermo, son princesas que te buscan en la oscuridad, llorando, indagando las palabras que nunca podrán decir. En el equívoco vivimos y planeamos nuestros ciclos de vida.

Putas asesinas, Roberto Bolaño.