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14.6.09

::where do we go::


Lo único por lo que valía la pena llorar era por la muerte de los conceptos y por las muecas estáticas de los ancianos. Lo sabíamos. Ahogado por la música me leíste la carta de 1970. Querida Carmen. Querido Francisco. Quién iba a decirte que. Sólo tú podrías saberlo, repetir las anécdotas de la infancia, recordar los libros leídos. Ayer fue el abandono, la isla de Eco. Dices que en retrospectiva no podrías haberme culpado. El consuelo ya nos queda corto. El reencuentro no es la vuelta pero yo sí puedo bañarme dos veces en el mismo río.

2.6.09

::no dormía jamás::


Tengo ganas de decirte que ya no me importa que llueva pero todas las ventanas están apagadas menos esa. Mis pasos al subir las escaleras tienen ecos de gato o sonido de gotas de sangre que resbalan desde la nariz y caen. Eco. Nada pasa realmente, nunca encuentro al asesino del otro lado de la puerta, nunca olvido apagar las luces antes de salir. Yo no esperaba entender nada para el verano y me encuentro con que las brujas han hecho en mi pecho su nido. Te extrañaba en los sueños de talco, te necesitaba a ti cerrando puertas de herrería negra.
Mi vida pasó de largo como un río largo y profundo, y hace cinco años que no estás.